La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) captó el avance del polvo del Sahara que cruza el océano Atlántico rumbo al Caribe y parte de México, un fenómeno que, de acuerdo con especialistas, podría provocar “cielos lechosos” o blanquecinos.

La advertencia fue compartida por la División de Análisis y Pronóstico Tropical del Centro Nacional de Huracanes (NHC), que explicó que esta es la época del año en la que grandes concentraciones de polvo, provenientes del desierto africano, viajan miles de kilómetros impulsadas por los vientos hasta alcanzar el Caribe, Centroamérica y parte del territorio mexicano.

A través de una animación elaborada con modelos atmosféricos, la NASA mostró cómo la extensa nube de partículas avanza sobre el Atlántico tropical en dirección al oeste, alcanzando gradualmente las islas del Caribe y acercándose al Golfo de México.

“Este modelo de polvo de la NASA muestra columnas de polvo moviéndose por la cuenca durante los próximos días. El polvo podría provocar cielos blanquecinos y algunos problemas de calidad del aire”.NHC

La animación difundida por la NASA muestra cómo la masa de polvo sale del norte de África y atraviesa el Atlántico impulsada por los vientos predominantes.

En el mapa, los colores representan la concentración de partículas suspendidas en la atmósfera, los tonos amarillos, naranjas y rojizos indican las zonas donde la presencia de polvo es más intensa, mientras que las corrientes de viento muestran la trayectoria que seguirá la nube durante los próximos días hasta aproximarse al Caribe y México.

Aunque el polvo del Sahara pierde intensidad conforme avanza sobre el océano, parte de este puede alcanzar el sureste y el Golfo de México, generando el aspecto blanquecino del cielo.

¿Qué es el polvo del Sahara?

El polvo del Sahara es una enorme masa de arena y partículas minerales que se desprende del desierto más grande del mundo debido a los fuertes vientos que se presentan en el norte de África.

Cada verano, estas partículas son transportadas por la atmósfera a través del océano Atlántico, recorriendo miles de kilómetros hasta llegar al Caribe, Centroamérica, México e incluso algunas zonas del sur de Estados Unidos.

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